La política y el deporte: Un juego de poder (2)

 Vencer o morir

La semana pasada vimos como la Italia de Mussolini pasaba ronda en cuartos de final del Mundial de 1934 ante España, después de un partido de desempate. En semifinales se vio la misma película. Arbitraje más que dudoso y victoria azzurra ante la potente selección austríaca. El conjunto centroeuropeo regresó a su país de vacío tras un gol en claro fuera de juego que el árbitro dio por válido.

Roma. Diez de junio de 1934. Italia y Checoslovaquia. Llegamos a la gran final. El encargado de impartir justicia en el gran partido del año era el mismo que arbitró la semifinal de Italia, el sueco Ivan Eklind.

El seleccionador italiano, Vittorino Pozzo, planteó el partido con una formación ultra defensiva con cinco defensores, tres centrocampistas de corte defensivo y tan solo dos delanteros. Asistimos al nacimiento del catenaccio, que los italianos denominaron como “El Método”.

Durante el primer tiempo, los italianos aguantaron las embestidas de los checos, y conservaron las tablas en el marcador. Durante el descanso y mientras Pozzo daba órdenes a sus jugadores, llegó un emisario directo de Mussolini con el siguiente mensaje: “Señor Pozzo, usted es el único responsable del éxito, pero que Dios le ayude si llega a fracasar”. Ante esta amenaza, Pozzo se dirigió a sus chicos con estas palabaras: “No me importa cómo, pero hoy deben ganar o destruir al adversario. Si perdemos, todos lo pasaremos muy mal”.

En la segunda parte, el partido siguió la misma tónica, con los checos acechando la portería del meta transalpino Compi, y los italianos achicando balones. Las tablas se mantuvieron hasta el minuto 70, cuando el checo Vladimir Puc consiguió adelantar a los suyos con un precioso gol. Y al cabo de tan solo tres minutos, el conjunto checo mandó un balón al larguero que pudo modificar el desenlace de la competición. A partir de ese momento, Pozzo vio que debía realizar algún tipo de modificación táctica para cambiar el devenir del partido, y las variantes tácticas que realizó dieron resultado. A falta de nueve minutos, el italiano Orsi logró el tanto del empate para forzar la prórroga, y durante el tiempo extra, Italia logró el gol de la victoria, a cargo de Shiavo.

Mussolini había conseguido su tan ansiada victoria. El carácter latino se había impuesto y debían alardear de ello ante los propios italianos y ante el mundo entero. Por supuesto, al día siguiente El Duce organizó una ceremonia a la que acudieron los jugadores con el uniforme del partido. Pero todo cambió después del Mundial. Tras la victoria azzurra y el alarde de ella por parte del fascismo, todas las promesas a los jugadores se diluyeron. El ejemplo más gráfico es el del jugador italiano Guaita, que acabó exiliado en Argentina.

1934 Italia

 

Mundial del ‘38, jugadores arios, camisas negras


El Mundial de 1938 se celebraría en Francia. La situación política en Europa era ya insostenible, y era cuestión de tiempo que el conflicto armado que afectaba a España alcanzara al resto de Europa. Por eso, cada partido estaba infectado por una rivalidad política inusitada y peligrosa.

Dos grandes selecciones que optaban al título y no participaron en la competición fueron España y Austria. El caso español es ya por todos conocido. En plena Guerra Civil y con el país dividido en dos partes antagónicas, era inviable mandar al combinado nacional a competir.

Por su parte, Austria había sido anexionada a la Alemania de Hitler el 12 de marzo de 1938, convirtiéndose en una provincia alemana más. Por supuesto, esta anexión significó la desaparición de todos los símbolos de la Austria independiente, entre ellos su selección de fútbol, cuyos mejores jugadores pasaron a jugar para Alemania.

Los más optimistas vieron el Mundial del ’38 como una oportunidad para limar las diferencias que afectaban a los países europeos, pero, por desgracia, sucedió todo lo contrario. Se demostró la tensión existente en la Europa de preguerra.

Mussolini, dispuesto a repetir la gesta vivida cuatro años atrás, despidió a sus jugadores personalmente. Organizó un acto en el Palazzo de Venezia, donde acudieron todos los integrantes del equipo con el uniforme fascista, y a los que El Duce despidió con un discurso en el balcón del palacio ante una gran multitud.

La azzurra se estrenó  con victoria ante Noruega en octavos de final. Antes del inicio del partido, los jugadores italianos realizaron el saludo fascista desde el centro del campo, ante una sonora pitada del público francés.

Pero el momento más tenso llegó en cuartos de final, cuando se enfrentaron la selección italiana con los anfitriones, los franceses. Era un duelo que iba más allá del fútbol y Mussolini lo sabía, por lo que ordenó a su equipo que jugara con equipaciones negras, en referencia a los ‘camisas negras’, la fuerza paramilitar del partido fascista. Un desafío ante más de 60.000 franceses, que llegó a su punto álgido cuando los italianos realizaron de nuevo el saludo fascista desde el centro del campo, ante los abucheos de los franceses, que no cesaron en todo el encuentro.  Se enfrentaban dos equipos, dos países, dos formas de ver el mundo. El fascismo italiano ante la república francesa en un clima de tensión irrespirable. Finalmente, y a pesar de la presión, los italianos salieron vencedores por tres goles a uno.

 

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El resto del torneo fue un paseo para los italianos. Vencieron por dos goles a uno a Brasil en Marsella, mostrando una superioridad que no se reflejó un un marcador más bien ajustado. La gran final se disputó en el Olympique de Colombes, en París el 19 de junio de 1938. Se enfrentaron Italia y Hungría. Los italianos volvieron a disputar el partido con camisetas negras, y el seleccionador italiano Vittorio Pozzo volvió a vivir una situación semejante a la de cuatro años atrás; justo antes del partido recibió un telegrama personal de Mussolini en el que leyó Vincere o Morire, vencer o morir.

Por suerte para Pozzo, venció la escuadra azzurra por cuatro goles a dos, y, con dos copas del mundo consecutivas, la escuadra italiana pasó a la historia como una de las mejores selecciones de la historia.

Después del 38, la FIFA tardó 12 años en volver a organizar un Mundial a causa del conflicto armado que asoló Europa. Por supuesto, todos los gobiernos continuaron utilizando el deporte rey para sus intereses. En 1978 se vivió algo similar con la Copa del Mundo que organizó la Argentina de Videla, pero eso, eso ya es otra historia.

 

Sobre Xavier Prats

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Enamorado del deporte en todas sus facetas. Escritor en mis ratos libres. Estudiante de Publicidad, Marketing y RRPP en ESERP. Siempre dispuesto a contar una historia.

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